Cuando niño, Jaime Ibarra vivía en Santiago, pero todos los veranos llegaba de vacaciones a la casa de sus abuelos en Villa Alemana. Así que el Teatro Pompeya era parte de sus recuerdos, más aún cuando años después se mudó definitivamente a la «Ciudad de los molinos». Como diseñador gráfico, siempre le interesó el rescate histórico patrimonial y su difusión, por lo que no fue extraño que pronto naciera su interés por redactar un libro que uniera ambos elementos. Así nació el libro “El Teatro Pompeya de Villa Alemana”, editado hace más de 20 años y que se ha transformado en material de consulta indispensable para todos quienes quieren conocer la historia de este recinto.
“El año 1983 nos mudamos acá y todavía en esos años el teatro funcionaba como cine. Recuerdo haber ido a ver ‘El enigma de otro mundo’ de John Carpenter”, señala, agregando que “mi familia nos contaba que en los años ’50 iban todos los domingos al cine e incluso cada uno se sentaba siempre en la misma butaca. Villa Alemana era todavía un pueblo en que todos se conocían por lo menos de vista. Me imagino que sería algo parecido a la película ‘Cinema Paradiso’ de Giuseppe Tornatore, donde se muestra el importante lugar que tenía el cine en las vidas de la gente, antes de la televisión, antes de internet”.
– ¿Qué lo motivó a investigar y reconstruir la historia de este recinto?
“El libro del Teatro Pompeya fue un proyecto de juventud editado el año 2002-2003, cuando empecé a obsesionarme con la fachada del edificio. Recuerdo que le tomaba fotos, iba de noche con mi croquera y una cinta de medir para anotar las medidas de las columnas, escalas, puertas, portales. Iba a la Biblioteca Severín de Valparaíso a buscar diarios de 1926 para leer sobre su construcción e inauguración. Incluso busqué y visité la tumba de Domingo Composto Celli, el italiano que mandó a construir el teatro, en el Cementerio de Viña del Mar. Sentía que el edificio debía ser cuidado y restaurado y que yo como villalemanino podía hacer algo, como un libro, por difundir su existencia y protegerlo de que algún inversionista lo comprara y demoliera para construir un edificio comercial”.
– Entregó una copia al Consejo de Monumentos Nacionales y le respondieron que desconocían parte importante de la historia del recinto…
“Entregué gratuitamente copias en colegios y bibliotecas de la ciudad, para que los niños y jóvenes tuvieran un material informativo que los acercara a la historia del edificio. Tenía muy claro que uno solo cuida lo que conoce y lo que le pertenece. Envié una copia al Consejo de Monumentos Nacionales en Santiago y para sorpresa mía recibí una respuesta del connotado arqueólogo Ángel Cabeza Monteira, mencionando que la publicación podría ser el comienzo de la elaboración del expediente para declararlo Monumento Nacional. ¡Eso era lo que yo quería! Finalmente, en el año 2009, el conjunto Teatro Pompeya de Villa Alemana y sus portales fueron declarados Monumento Histórico Nacional. Si mi pequeño libro sirvió en algo para proteger el edificio, siento que cumplió su objetivo”.
– Durante el tiempo que dedicó a investigar, ¿cuál fue el descubrimiento o la anécdota que más lo sorprendió?
“Una de las cosas que me sorprendió en la investigación fue encontrar la primera película que se exhibió en el teatro: fue una película de cine mudo de 1923 y se llamaba “Safety Last” (es decir “la seguridad al final”, en oposición al conocido letrero “Safety first”) del actor cómico norteamericano Harold Lloyd. Además, los registros fotográficos de época muestran varias diferencias con el teatro actual: la sala tenía en su interior una gran lámpara central colgando del cielo. Las dos columnas de la fachada tenían lámparas de fierro, de bella y estilizada factura, que se iluminaban. Como se perdieron hace mucho tiempo, se reemplazaron por unas artesanales hechas de lata que no tienen comparación con las originales. Otras luminarias que desaparecieron estaban a cada lado de la puerta de acceso al edificio. Estas se podrían reconstruir ya sea con un buen artesano en fierro o con la tecnología actual de impresión 3D usada para la restauración patrimonial”.
– En este centenario, ¿qué mensaje entregaría a las nuevas generaciones para conocer, valorar y cuidar el patrimonio de Villa Alemana?
“Es un privilegio que, en un país de terremotos, Villa Alemana tenga un edificio en pie y operativo de esta antigüedad. Piensen que para nosotros es un regalo y que fue construido por un italiano inmigrante que llegó a Chile y tuvo el sueño de dotar de un lugar de esparcimiento y cultura a esta ciudad que lo acogió. Una casa que albergara la música, las artes escénicas, el cine, un lugar para charlas y eventos… ¡y este edificio cumple 100 años! De nosotros depende cuidarlo y protegerlo”.
(Crédito fotografía: Cristián Luna)








