Cabe destacar el carácter visionario de don Domingo Composto. A mediados de la década del ’20 el futuro de Villa Alemana era bastante incierto. Se había logrado en 1918 la primera denominación de comuna, lo que se perdería en 1928 recuperándose en 1933. El centro de la ciudad contaba con modestas construcciones, tanto fue así que don Domingo idea la construcción del Teatro y su Portal al quemarse en violento incendio elementales viviendas ubicadas en su terreno.
Puesto en funcionamiento en la época del cine mudo, su primera película fue “El Hombre Mosca”, actualmente restaurada. En los años siguientes hubo que hacerle algunas modificaciones, como la eliminación de sus palcos laterales.
Correspondía a su hijo Ítalo Composto continuar con su funcionamiento y cuidado, sin embargo, tuvo que eliminar su escenario original para instalar la pantalla panorámica o Cinemascope. Felizmente, la preocupación por la conservación del teatro de las autoridades siguientes ha sido constante.
Para nosotros, el Teatro Pompeya ha sido parte de nuestras vidas. Cuando niños, desde la galería, veíamos los rostros tatuados en yeso, en la parte superior del escenario que identificaban el drama, la comedia, y la tragedia. En mi juventud no olvidé la película chilena “Música en mi corazón” donde Carmen Barros cantaba “Amorcito mío” -grabación que aún conservo-, quien después encarnara a la “Carmela” en la “Pérgola de las flores”. Allí se exhibiría el “Hechizo del trigal” con la actuación de Ana María Lübbert Vergara, integrante de la familia de don Carlos Longhi. Recuerdo también a don Ítalo en la entrada con la cabeza erguida y las manos atrás… y cuando me veía pasar me pedía pusiera en la Cadena Musical Prat los tangos interpretados por la Banda de la Fuerza Aérea Argentina.
Al indagar sobre la historia de Villa Alemana en pasadas décadas me llamó la atención las palabras de don Domingo Composto en su inauguración:
“Es para vosotros todos, tomadla bajo vuestra protección…dispensadle cariño y afecto. Aquí no solo tendréis una sala para el esparcimiento del espíritu… tan necesario para las fatigosas tareas del día. Aquí tendréis una casa propia para vuestras veladas, para vuestros actos culturales, para aquellas manifestaciones que quieran hablar de lo propio y expresarse como soberanos de la opinión. Tomadla… dispensadle cariño y no desdeñéis vuestro afecto”.








